domingo, 10 de octubre de 2010

Eternidad


Miradas eternas que parecen quedarse suspendidas en una lágrima,
Derramada como cascada de agua pura por la piel de tu mejilla,
No sabías que esa misma lágrima recorrería toda tu tierra,
Para venir a desvanecerse en las costas de mi agobiada alma.

La locura de estar cuerdo y me hizo divagar por tus senderos,
Me transformó en la concubina del traicionero destino,
Rogando que pague con lo que me ha prometido, unir nuestros caminos,
Y clamo con un grito de mi pecho me llegue pronto el momento de yacer en tu lecho.

Besé tus labios como queriendo desafiar el tiempo y un segundo hacer eterno,
Reloj, cómplice de la tormenta constante de los amantes, ocúltate bajo las mantas,
Desaparece con el vapor que genera el acto de amor entre dos cuerpos,
Unidos en mezcla perfecta de  tu agitada respiración y mis gemidos que siguen el segundero.

Cantos mudos de ángeles oscuros, ermitaños compañeros de la angustiosa espera,
Que se vienen como rayo a mi mente en una tonada fúnebre,
Suenen las trompetas y se abra el cielo infinito de tus ojos y sus órbitas,
Bajen y beban mi sangre y sequen el sudor de tu pecho con mis cabellos.



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