partí ilusionada y feliz. Hice grandes maletas con todo lo que me pudiera recordar mi tierra fértil donde crecí.
Intencionalmente deje trozos de mi pasado escondidos en lugares estratégicos, y con personas especiales, así cuando volviera sobre mis pisadas no me pareciera un lugar extraño.
Al llegar a mi destino, el que me prometía no una felicidad agobiante y absoluta, sino mas bien un pasar tranquilo y alejado del bullicio al que había estado sumergida tanto tiempo, encontré gente aparentemente cercana y a veces mas triste que yo, no empaque problemas, no empaque angustia ni melancolía, sin embargo tomaron un vuelo directo, por que llegaron antes de que me diera cuenta.
La vida lejos del verde campo, del ruidoso mar y de mi dulce madre es sin decirlo menos, enloquecedora.
Durante todos estos interminables meses busco una razón para quedarme y cada vez que creo encontrarla... se me desvanece, tal cual se me ha ido desvaneciendo tu imagen antes nítida en mi retina, hoy casi invisible.
La vida es una suerte de casino donde apuestas tus fichas, pero nunca sabes si ganas o pierdes, hasta ese día que para todos se avecina donde vemos pasar como en una película todo lo que vivimos... paradójicamente justo antes de morir. Ahí y solo ahí podremos decir... me equivoque.
