Poema IV
Saco la tormenta de tus ojos oscuros, la llevo a la quietud de mi vientre blanco,
niebla dispersa y espesa se concentra en pensamientos mágicos,
Donde príncipes y doncellas danzan, aman y florecen.
Mis ojos ven un mundo en el que tu no existes, mundo vacío,
Mas, mi pensamiento de ti no se aparta jamás, mi corazón es tuyo,
Mi alma te pertenece, en un blanco pacto a Sus pies te la he dado.
Vuelo hasta tu cama cada noche en un trance desesperado,
libre de la piel que me ata, a un día completo de tu cuerpo,
Y en tu pecho duermo, como la mujer que me enseñaste a ser.
Llueven mis cabellos en tu rostro, adornando tu sonrisa enamorada,
Anclados en un elixir constante de palabras y caricias distantes,
Guarde Dios este tesoro que hemos encontrado, el amor.


